Friday, January 27, 2006

Munich

Habrá quienes cataloguen de ingenuo el más reciente largometraje de Steven Spielberg: ayudantes de cátedra de la UBA que hojean en La boutique del libro ediciones que su presupuesto no les permite, lectores de Saramago recibidos en TEA o en la UCES, chicas que escriben poesía y que creen encontrar sofisticación en un guardarropas de puta de 20 pesos, iletrados cool que postean en su fotolog frases escritas en lenguaje chat, todas las variantes de aquellos que se oponen a la gestión de George Walker Bush sin saber muy bien por qué.

Suponiendo que fuese de tal manera, quienes descarten la última obra maestra de Spielberg sin haberla visto, en pos de los soporíferos ejercicios de estilo de Rohmer en el MALBA o de Rivette en la Lugones; ignoran de antemano que la pérdida de esa ingenuidad que desprecian es el verdadero punto de inflexión del clasicismo a la grandilocuencia: si la primera "Star wars" no tenía mayor aspiración que la de actualizar los viejos seriales de Buck Rogers; "Episodio 1" justamente pierde esa ingenuidad y su pretensión es ahora pertenecer a la Gran Saga.

Pero en el caso de "Munich", la supuesta ingenuidad no es más que un recurso que se va descomponiendo a medida que la narración avanza en un proceso de descomposición humana. Y en un segundo nivel de lectura, un perfecto guiño casi imperceptible a los workaholics de Wilder y Hawks, que de pronto se topan con que su obsesión por un oficio no demasiado salubre se ha convertido en el sentido de su propia existencia (pregunta: ¿qué le sucede a Pat Garret cuando finalmente atrapa a Billy the kid...?).

Más que ingenuo, Spielberg es una suerte de idiota de la familia reencarnado en hijo pródigo. El nerd apático que no se droga ni duerme con supermodelos, mientras Friedkin le grita a Lalo Schifrin que su banda sonora para "El exorcista" es "fuking Mexican marimba!", Copolla tira sus Oscar por la ventana, Scorsese se queda en Cannes sin cocaína y manda a un avión del estudio para que le consigan en París, Bogdanovich cree que puede hacer una gran actriz de Cybill Shepherd y Cimino manda a la ruina a la MGM. Pero lo cierto es que mientras Friedkin filma propaganda para la U.S.army, Scorsese esconde un deseo homoerótico por DiCaprio en su obsesión por conseguir un Oscar que no necesita, Copolla produce vinos y series B y promete una gran película que nunca llega, y Bogdanovich y Cimino filman muy poco y van directo al cable; Spielberg hace lo que quiere, y qué bien que le sale.

3 Comments:

At 7:35 PM, Anonymous Anonymous said...

Eh, qué tenés contra mis vinos? Por otra parte, te prometo que mi próximo film, "Juventud sin juventud" va a estar listo en... menos de cuatro años.
En cuanto a Spielberg, todavía no vi "Munich", pero desde ya me parece interesante que el cineasta más masivo del mundo haga un paralelo con la actual política exterior de USA. Por otra parte, estoy de acuerdísmo con que en los últimos años Spielberg hizo todo más que bien: films brillantes (casi brillantes algunos) en los que muestra un total dominio del lenguaje cinematográfico y de la fluidez narrativa, pero que al mismo tiempo muestran siempre algo novedoso, interesante o inesperado. "Inteligencia artificial", "Atrápame si puedes", "Minority report", "La terminal", "Guerra de los mundos" y ahora "Munich" muestran que sigue siendo un cineasta tan grandioso como en sus mejores films de otras décadas, pero además presentan costados que no habríamos imaginado de él hace unos años.

 
At 8:05 PM, Anonymous Anonymous said...

Wow! Siempre quise preguntarle si en "Érase una vez en América" el hombre que sube al camión de basura es o no es James Woods. Ah, no pero esa pregunta era para Sergio Leone. Para usted: ¿¿¿¿¿QUÉ LO LLEVÓ A RODAR "JACK", CON ROBIN "LA VIDA ES LINDA" WILLIAMS?????

 
At 7:23 AM, Blogger paula p said...

ignoran de antemano que la pérdida de esa ingenuidad que desprecian es el verdadero punto de inflexión del clasicismo a la grandilocuencia

que ritmo tiene ud p la filosofia!
me convenció

sdoss

 

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