Friday, December 08, 2006

La franquicia American pie se expande

1-Tiene que suceder la cobertura de un festival de cine, y la proyección de tu próxima semana saliendo de una de coyas protagonizada por un español (gentilezas de la coproducción) para entrar a un policial francés sobre inmigrantes de un país en el que acaban de desembarcar los Navy Seals; a la hora de juntar fuerzas, cerrar los ojos y no pensar, o mejor pensar que se trata de una vacuna de refuerzo , y ver el quinto y más reciente episodio de la franquicia American Pie.

2-Hay películas a las que los años les sientan mal. No hace falta dar nombres. Son las muchas. Y las hay que revisionismo snob o no, con el tiempo no parecen tan malas como se pensó. American pie, la original, que toma su título de una canción del pobre Don McClean (probablemente sólo porque el estudio tenía los derechos, como sucedió con la Pretty Woman de Roy Orbison), por supuesto está entre las segundas.

3-¿Qué puede tener de interesante una revisita a las estudiantinas ochentosas, en clave de puritanismo white trash más que de reviente à la Ellis, con cuatro idiotas obsesionados por perder la virginidad antes de la noche de graduación, cuyo título se justificaba a raíz de que el protagonista, a la hora de prepararse para esa noche tan especial, penetraba un pastel de manzana y era sorprendido por su padre antes de acabar? Para el caso un joven que asesina a una anciana puede servir de trasfondo a Crimen y castigo y a "la película de la semana". Y no se trata de retomar una discusión forma/contenido, ni de buscar la "genialidad" en una estupidez (como los estudiantes de cine con esa de Leonardo Favio protagonizada por el cantautor Gianfranco Pagliaro y el ex campeón de boxeo Carlos Monzón). Lo cierto es que ni siquiera era de las mejores comedias de entonces, si consideramos que el mismo año, en este asqueroso país, Dick y Election iban directo a video. Dogma ni siquiera, y se estrenaba con demora, y menos espectadoras que una de Lisandro Alonso en la sala Lugones, El triunfo de los nerds (ridícula y oportunista traducción de A night at the Roxbury).

4-Si a American pie le sentaron mejor los años, en parte fue gracias a sus dos y muy dignas secuelas. Una vez que Paul Weitz se limita al rol de productor, mientras dirige comedias más sofisticadas como Un gran chico y En buena compañía. Lo que hace especialmente interesante la segunda es una cierta inseguridad, apenas sugerida en su predecesora: Jim tiene revancha con la porrista rusa que no llegó a cogerse en la transmisión por internet que vio toda la prepa, y para no defraudarla busca a su "mercyful fuck" de la noche de graduación y le pide que le enseñe todo lo que sabe. Y de paso descubre que se enamora de la chica de la que nadie (inteligente o no) podría enamorarse. De ahí que la tercera gire en torno a su boda. Desaparece Chris 'Oz' Ostreicher (ya que Chris Klein no fue la estrella que esperaban) y Stifler cobra protagónico (ya que Sean William Scott sí lo fue contra todos los pronósticos), y tal vez sea la mejor: el sexo pasa a un segundo plano, Stifler busca redimirse y compite con Finch (tretas del Gallo Claudio y el perro mediante) por la hermana soltera de la novia. THE END.

5-Pensar la trilogía American pie como la versión ligera de la saga Doinel, sin el innecesario patchwork final digno de episodio de sitcom en el que recuerdan todos los buenos momentos del año. Hasta que al tríptico se sumaron dos nuevos episodios, directo a video (worldwide).

6-A tal punto cobró "relevancia" un personaje como el de Stifler, que al convertir el concepto de "American pie" en una franquicia del tipo "National Lampoon`s", el protagonista de Band camp fue su hermano, y en The naked mile un primo que no hace justicia al apellido. Ambos, como al principio de la saga, concentrados en cómo perder la virginidad sin pervertir el amor, con ocasionales consejos de Eugeny Levy (el papá de Jim). Consejos, y para justificar la franquicia, referencia a episodios pasados. En The naked mile, por ejemplo, cuenta que Jim y Michelle le acaban de dar un nieto.

7-Con el "directo a video", ahora hay algún muy ocasional vello púbico. Y muchas más tetas y culos. Y chistes que hacen que los hermanos Farrelly parezcan Preston Sturges. The naked mile comienza con un adolescente que, en cuanto sus padres se van de compras con la abuela, baja al living, pone un video porno y se queda desnudo haciéndose una paja. La bordeadora de un vecino lo desconcentra. Se calza unos auriculares. Mientras tanto sus padres olvidaron unos cupones, regresan a casa, y al abrir la puerta el adolescente no sólo eyacula sino que el chorro va directo a su abuela, causando una muerte súbita. Todo el morbo que evadían las tres primeras, lo que las hacía más inteligentes (si cabe), ahora es un lugar común: sexo pulcro y sin juego previo, en donde siempre se tiene a mano al menos un condón y la "química" nunca es asimétrica. Si en las tres primeras se descubría el amor en el lugar menos pensado, en las franquicias ya es obvio antes de los títulos y hacía allí irán nuestros muchachos, porque como dice ese fragmento de Corintios que leen en cualquier boda, "el amor es paciente, todo lo supera".

8-Es probable que haya sexta, o tercera, o sólo una nueva franquicia, como quiera pensarlo cada uno; y muy pronto. Band camp fue lanzada en abril o mayo pasado, y ahora The naked mile. ¿Y si en un futuro, así como blogspot facilita a cualquiera tener su propia web, Universal lanza un sistema revolucionario para que también cualquiera pueda hacer su American pie? Por las dudas, ya tenemos un argumento: así como Stifler tiene un primo que no es lo que se dice un semental, el nerd Finch tiene un primo segundo muy poco sofisticado y de bajo coeficiente (Jon Heder). Larry Finch. Está en último año y es virgen. Sus dos mejores amigos son el hijo de un miembro local de la NRA (Macauley Culkin), que sueña con su propia Columbine; y un treintañero víctima de abusones mucho menores que él, repitente crónico para no perder su trabajo de proveedor de marihuana (Tom Green). Ambos también son vírgenes. Una noche, en una fiesta con barriles de cerveza, están por ligar hasta que un grupo de marines, recién vueltos de Irak, les roban a las chicas. Deciden, entonces, enrolarse como reservistas, con tal de perder la virginidad. La noche en que se gradúan, planean la fiesta más loca de su vida, tienen pollitas aseguradas, pero les anuncian que deben partir en "misión de paz". Entonces roban un helicóptero Black Hawk y escapan, pero en el camino lo estrellan y deben seguir a pie en algún lugar de Arizona. Entretanto, el ejército asigna a un superior para que los encuentre (R. Lee Ermey). Al dar con ellos se entera de que son vírgenes, y entonces deserta y los lleva a México, en donde por pocos dólares hay prostitutas para todo el año. Sólo que son buscados, entonces deben acudir a un pollero (Tommy Chong) para que los cruce como ilegales de Estados Unidos a México. Pero en eso descubren una alianza de los gobiernos populistas de América del Sur, que con la ayuda de Raúl Castro piensan invadir la América de verdad. Y Larry está por perder su virginidad con una guerrillera llamada Tanya, pero lo llama el amor a su bandera... finalmente frustran la invasión pero son encontrados y llevados a Corte Marcial. Y están por ser condenados a cámara de gas (se escucha el Dying virgin de Divine Comedy), hasta que llega el papá de Jim, que ahora es presidente de los Estados Unidos, les da un nuevo mensaje de lo importante que es el sexo con amor, y los indulta y nombra cabecillas de su gestión. Vemos, entonces, al presidente, entregando medallas a nuestro hombres, y luego una fiesta muy loca en los jardines de la Casa Blanca, en la que Larry pierde su virginidad con Chelsea Clinton, Macauley Culkin con Jenna y Barbara Bush, y Tom Green fuma un cigarrillo de marihuana con la ex primera dama Nancy Reagan. Si no alcanza el presupuesto para tenerlas, contratamos imitadores de Saturday night live.

1 Comments:

At 8:32 PM, Blogger Comando Norma Aleandro said...

Es cierto; "Soñar soñar" de Favio es una estupidez ecuménica.
Pero la escena de Carlitos Monzon con los ruleros es imperdible.

 

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