Saturday, December 16, 2006

Un ejercicio posmodernista

Supongamos que, bajos los influjos no tanto del capricho como del ocio, nos proponemos buscar un isomorfismo entre lo que sucedía en alguna película vista durante un festival, y lo que sucedió en el contexto de lo que algunos dan el nombre de "la vida real". O aún mejor, dado que somos jóvenes profesionales con estudios universitarios que sabemos de qué se habla cuando alguien menciona a Paul Virilio, a la vez que despreciamos a todo aquel que como cita de autoridad apele a títulos pretenciosos, que les llevó seis meses no terminar de leer, tipo La insoportable levedad del ser o El amor en los tiempos de cólera: buscar un isomorfismo de dos canales que volvieron a cruzarse.

Por ejemplo, una adaptación de Juegos del amor y del azar de Pierre de Miravaux y el corto de Alexander Payne en el que, una vez más, el patetismo es comedia y la comedia hace reír pero no es graciosa.

Digamos que había dos amigas. Gente que se cruza en eventos, sin mucho de qué hablar. Hasta que, en cierta ocasión, suelen estar en el sitio en donde se va a encender un cigarrillo a la hora de evadir el tedio. Dos amigas: "la mujer misteriosa" y "la señorita Loreal". Con una se da mucho mejor el diálogo. La otra no es que sea desabrida, pero como dice un amigo que pasó los cuarenta y convive con su ex mujer para no dejar el trauma de la separación en la hija que tuvieron sin planificarlo, "cogértela debe ser lo más parecido a tomar agua".

El punto es que no debería ser difícil acercarse a "la mujer misteriosa". De hecho no lo es. O sí. Estamos en los mismos lugares pero ninguno de los dos se entera, o al día siguiente pregunta, por qué no te acercaste a saludar. Ayer había una fiesta. Tenía que estar. Nos encontrábamos con un par de colegas, a poco de irnos, cuando aparece "señorita Loreal". No viene al caso, pero delante de todos dice "vos vivís en un mundo paralelo y nadie te entiende, pero a mí me encantás". Cualquiera lo hubiera tomado como una señal. Claro que en tiempos de información como valor de uso, la gente habla y sabemos de eventos pasados que "señorita Loreal" da señales para morder el anzuelo y luego dar un paso en falso bajo distintos argumentos bastante descabellados.

Así dejamos ir a "la señorita Loreal". El blanco era "la mujer misteriosa". No hay ganador si se juega a placè. Así como la gelatina no reemplaza la crème boulè, tampoco la "señorita Loreal" a "la mujer misteriosa". Olvidando la regla básica, que la comedia no termina con el remate sino con un remate del remate. "La mujer misteriosa" nunca apareció en esa fiesta. y luego del "desaire" a "señorita Loreal", a la mañana siguiente la encontramos en el lugar de siempre, sin la presencia de la "señorita misteriosa". Se pregunto por ella. Y "señorita Loreal" respondió: "y... es que ayer llegó el novio, jijijijijiji".

La buena resultó ser lo suficientemente sádica como para estar en pareja, y la amable Y desairada una simple jodida. Y Phil Marlowe abandonó la escena del crímen, una vez más sin resolver el caso. Aunque tal vez cobró los treinta dólares del caso (o cuántos eran, no muchos, de tener dinero hubiera huído de esa variante chic del infierno que es la soleada California).

1 Comments:

At 2:45 PM, Anonymous Swan said...

Este blog es cada día más barroco.

 

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