Tuesday, October 25, 2005

Las bodas de Maia Bendersky

Hace un año, la noche en que despedimos a una amiga en común que partía hacia Alemania para llevar a cabo algún tipo de investigación linguística (en un instituto con pasantes mayoritariamente polacos que en sus ordenadores tenían como fondo de pantalla fotos del Papa Wojtyla), pregunté a Maia Bendersky si me invitaría a su inminente boda. La respuesta fue ambigua, aunque técnicamente dejaba lugar no tanto a un interrogante como al futuro resultado de una suerte de castigo-recompensa.

Sospecho que para Maia Bendersky, siempre fui un poco el personaje del boticario de "Madame Bovary". Alguien que sabe demasiado, muy a su pesar. El único que, aunque no haya estado ahí para verlo, recuerda que apenas ingresó al Nacional Buenos Aires (colegio al que todos preguntan si fui, pero no, no sólo no fui sino que tengo el extraño orgullo de haber reprobado el curso de ingreso), Maia Bendersky ni siquiera contempló la opción de adoptar el carácter obsesivo-compulsivo afín al alumno promedio, decantándose más bien por una obsesión por la indolencia, creyendo en la pureza del amor cuando a los 13 inició una aventura con un sujeto de tercer año que daba clases de gimnasia.

El asunto no duró demasiado, pero al par de años Maia Bendersky iniciaba otro romance, en esta ocasión con el presidente del Centro de Estudiantes. Creo que le decían "Choclo", a raíz de su acné juvenil. Creo que fue el afortunado que supo deflorarla. La memoria de vez en cuando tiende a jugar trampas. Aunque sí es seguro que en una ocasión, "Choclo" le propuso una doble-date que terminó con él besando a la chica de su mejor amigo, mientras presionaba a Maia Bendersky para que incentivara en la práctica el intercambio. Maia Bendersky dice que optó por retirarse. E inició un tercer romance de colegio secundario, con un compañero de curso llamado Derka o Merka. En un viaje de estudios, sus compañeros de curso cenaban cuando Maia Benderky y Derka llegaron al salón comedor con el cabello húmedo. Todos aplaudieron. Alguien preguntó a Maia qué se sentía. Ella recalcó la importancia de tener a tu lado a alguien que realmente te quiera, la necesidad de amar y de ser amado, la belleza y el goce del sentimiento.

Lo cierto es que Derka tampoco duró. Noviazgo burgués de unos años, pero demasiado jóvenes para amar. Tal vez por eso, el siguiente ligue de Maia Bendersky fue otro egresado del Colegio, apodado "el francés". Un sujeto un par de años mayor, al que quiso abordar luego de romper con "Choclo", consiguiendo un desaire basado en el argumento de que era "demasiado chica". Pero los años trajeron revancha, aunque en esa oportunidad tampoco condujeron a la senda del verdadero amor.

Por entonces, Maia se va de vacaciones con su madre. Una suerte de clon teñido de rubio y con el peso del desgaste. Una mujer engañada por el padre de su hija, que al divorciarse intenta consumar la independencia vendiendo AFJPs (pero los número no cierran, truca algunas cifras y es despedida).

La casa en la que veraneaban, tenía un patio que compartían con dos casas más. Una de ellas, ocupada por un mendocino que tocaba en guitarra canciones de Joaquín Sabina. Inmediatamente nació el amor. Maia envió un mail al francés, en el que le explicaba: "me estoy portando mal". Él no respondió. Mientras tanto, una noche el mendocino le propuso dar un paso adelante, pero ella respondió que la dejara pensar. La noche siguiente Maia Benderseky dijo: "lo que querías preguntarme, creo que quiero...". Pero la respuesta del mendocino fue: "no sé... me parece que no da... mirá si quedamos enganchados...".

Y no hubo sexo, pero decidieron seguir la relación a distancia. El padre de Maia, un psicoanalista de cincuenta años vuelto a casar con la dueña de una tangoteca, le echaba en cara que no tenía dinero para llevar adelante el romance a distancia, con todos sus gastos en llamadas telefónicas y visitas. Lo que no quiso decir que Maia tomase un micro a Chacras de Coria, donde pasó unos días en casa de la familia de su amor. De regreso, contó que la abuela del sujeto le dijo algo así como "te veo y sos otra nieta más...".

Pero de nuevo, el asunto no prosperó. Hubo una historia de amor no correspondido, un militante del PO que hace encuestas para Gallup, y que decía ser amigo de Maia aunque evidentemente sólo quería tirársela (dado que luego delr echazo, desapareció). O tal vez realmente estaba muy enamorado. Creo que hubo un reencuentro con el francés. O con un novio del cbc, que había sido de hecho su profesor de semiología, cátedra Arnoux. Se llama Pablo Ruiz (sí, como el cantante devenido travesti mexicano); ella estaba muy enamorada, pero él la dejó por un puesto de traductor en la sede en Washington del Banco Mundial. Hubo un reencuentro, sí, pero no pasó demasiado. Él hablaba de su piano y de su admiración por Spinetta, ella deseaba que sucediera algo que no iba a suceder ni sucedió.

Fue por esa época que el doctor Bendersky se divorció de la dueña de la tangoteca. Cuernos, una vez más. De él a ella, obvio. Y como la casa no era bien matrimonial, el doctor Bendersky se mudó a una casa que le prestó un amigo arquitecto, ubicada en un barrio privado a madio construir. En Maschwitz. Muy lejos para Maia Bendersky, estudiante de letras cuyo sueño era ser periodista y trabajar en la ONU. De hecho, trasladarse de un punto a otro en algún aspecto aniquilaba tales sueños.

Pero llegó algo así como el príncipe azul. Un estudiante crónico de sociología, militante del centro de estudiantes, que trabajaba para el Gobierno de la Ciudad asistiendo niños mongoloides o algo por el estilo. El punto es que vivía sólo, y que Maia Benderseky necesitaba mudarse de Maschwitz, a pesar de sus magros ingresos (o mejor dicho, de un padre que a diferencia de su futuro suegro, no aportaba para la independencia). Y en fin... de pronto Maia Bendersky iba acompañada de su novio a visitar a su madrina, y mientras estacionaban el auto aparece una turba iracunda, su novio reconoce a un par de "compañeros", le cuentan que se dirigen a hacer un "escrache" en la puerta de la casa del General Viola, y Maia Benderseky ya no se dirigía a lo de su madrina, sino a apoyar una causa noble.

Pero no faltaban los conflictos. En una ocasión, Maia y su novio pasaron por una casa con jardín, ella le dijo que en algún futuro tal vez vivirían con sus niños en un sitio similar; a lo que él respondió con una perorata anti-burguesa, o algo por el estilo. De hecho, el años pasado, las cosas no parecían estar bien, a pesar del anuncio de la inminente boda. El militante tendía a la depresión. Quería abandonar la gran ciudad y reencontrarse con la naturaleza en Patagonia. Su madre lo sobreprotegía. Hijo único. No estaba produciendo dinero para el fondo de ahorros para la boda.

Hoy llegó mail de un amigo, en el que adjunta dos mensajes. En el primero, un amigo suyo que se estuvo de novio con la ex de otro amigo, acusado por ella de impotente y de no saber qué es lo que quiere una chica, anunciaba que acaba de renunciar a su trabajo en un hostel, que ahora tendrá tiempo para reencontrarse con aquellos a los que no vio últimamente, empezando por este sábado, en el cumpleaños de Julian G; el segundo era la respuesta de una de las mejores amigas del secundario de Maia Biendersky, explicando que esperaba ver pronto a todos, y que este sábado no podrá asistir al cumpleaños de Julian G, porque "se casa Maia (¿se acuerdan de Maia?)".

El boticario espera ansioso el momento en que el infierno pequeño-burgués llega a su fin con la ingesta de veneno.

7 Comments:

At 3:13 AM, Anonymous Alejandro said...

Como? La historia del pintor que se hacia pasar por el doctor Robalindo quedo afuera de la biografia?

 
At 7:09 AM, Blogger Mundo del Cinismo said...

Síp. Como protesta hasta que no develes el verdadero nombre de Robalindo.

 
At 7:48 AM, Blogger paula said...

(esto es un puterio de colegiales, querido!)

 
At 8:40 AM, Blogger Mundo del Cinismo said...

Claro. Una remake de Porky`s reescrita por John Hughes, con dirección de Rohmer.

 
At 4:00 PM, Anonymous Alejandro said...

Cita del post, que no se como se me habia escapado antes:

>>El único que, aunque no haya estado ahí para verlo, recuerda que apenas ingresó al Nacional Buenos Aires (colegio al que todos preguntan si fui, pero no, no sólo no fui sino que tengo el extraño orgullo de haber reprobado el curso de ingreso)

Cita de http://www.edyd.com/Fabulas/Esopo/E12ZorraUvas.htm:

>>Estaba una zorra con mucha hambre, y al ver colgando de una parra unos deliciosos racimos de uvas, quiso atraparlos con su boca.
Mas no pudiendo alcanzarlos, se alejó diciéndose:
-- ¡ Ni me agradan, están tan verdes... !

 
At 8:25 PM, Blogger Mundo del Cinismo said...

JAJAJAJAJAJAAAAAAA

Una vez más... touchè, Cecilio!

 
At 6:16 AM, Blogger Ev said...

Yo también salí con Pablito Ruiz, supongo que unos años antes que Maia, y a mí también me desairó. Tiempo después me enteré de que había partido hacia el norte (sabía bien que era ciudadano estadounidense) y lo lamenté mucho. El profe era un amante excelente.

 

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